viernes, 10 de septiembre de 2010

Riesgos de la profesión médica


Desde Uruguay, el Dr. Marcelo Avellanal nos permite disfrutar del discurso del Dr. Ned Cassem a los futuros licenciados de la Facultad de Medicina de Harvard en 1979.

Algunos riesgos comunes seleccionados al azar para médicos y cirujanos de guardia

  1. Cuadros confusionales agudos y crónicos. Después de la deprivación de sueño de 40 horas o más, lo que para otros es su semana inglesa de trabajo global, físicamente exhaustos, intoxicados de cafeína y cubiertos de una delgada capa hemática o fecaloidea, pueden encontrarse desorientados en tiempo y espacio, musitando, escribiendo en una jerga incoherente, privados de memoria reciente, asaltados por una creciente paranoia sobre las malévolas intenciones de pacientes, familiares, compañeros de guardia y salas de espera. Lo único que lo podría revertir sería una emergencia real o el impensable descanso.
  2. Disminución de la autoestima. Muy pronto en el internado, residencia, en las guardias… solos en la sala frente a la cama de un paciente complejo, sin haber curado a nadie, sintiéndose ominosamente ineptos… posiblemente lleguen a rezar para que alguna enfermedad seria les permita retirarse honorablemente.
  3. Ideación suicida. En circunstancias extremas, la muerte puede llegar a parecerles no solo aceptable, sino atractiva. Después de 140 consultas, 9 ingresos, 32 llamadas de planta, 4 vías, justo el día que estamos resfriados y con cefalea ¿qué preferirían? ¿el ingreso número 10 o un bolo de HCL? ¿Y un alcohólico intoxicado con varices esofágicas sangrantes, delirium tremens y un posible abdomen agudo, excitado y vomitando?... todo suyo.
  4. Desastre marital. El divorcio es más frecuente entre los médicos y las médicas. El régimen de trabajo difícilmente puede pensarse como promotor de armonía matrimonial, especialmente cuando uno manda un/a esposo/a médico/a al hospital y le devuelven un ente... y teniendo en cuenta los anteriores riesgo, el médico/a ansioso/a, solitario/a, puede experimentar el volcánico retorno de la lujuria adolescente y/o la necesidad de ser sostenido afectivamente, la necesidad de cuidados intensivos sexuales y vías centrales de affairs que den el jaque a la pareja.
  5. Odio y rabia crónica. No conozco ningún médico que no se haya sentido consumido por un odio rabioso, vengativo, hacia sus pacientes. Es algo que el lego, amigos, parientes, padres, amigos, administradores, economistas… no entienden. Y tengan en cuenta que no hablo del tozudo y despreciable sujeto que trabaja con ahínco para ganarse el odio con su narciso del granito intergluteo o lumbalgia, o contractura de cliente rap-rap. También la de las pobres inocentes víctimas de la enfermedad que no tiene la culpa. Las demandas imposibles generan resentimiento.

    No olviden colgar la frase:
    Curar… a veces, Aliviar… con frecuencia, Acompañar… siempre.
    Pero en el reverso recuerden las "reglas de Cassem":

    Huir… a veces, Odiar… con frecuencia, Quejarse… siempre.
    Reconozcan sus límites.


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2 comentarios:

José Luis Contreras Muñoz dijo...

El tèrmino del post es sencillamente genial

saname dijo...

Pues si.
Gracias por el comentario.

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